domingo 13 de noviembre de 2011


Revisando documentos  de mi formación en el área de gerontología, encontré uno que recuerdo con especial afecto, por las reflexiones que suscitó en mí, acerca de los problemas de la vejez y del hecho que hace más de dos mil años (44 A.C), hubieran sido identificados con tanta claridad, sin que hasta la fecha haya cambiado sustancialmente el panorama en dicho ámbito de la vida.

En este diálogo de Cicerón, "enseña Catón  el Censor a Escipión y a Lelio, a llevar con resignación los achaques que trae consigo la vejez. Establece por principio que los fundamentos de una vejez suave y feliz se han de echar muy de antemano en la mocedad. Reduce a cuatro especies los trabajos que algunos suelen pasar en la vejez, y de que se lamentan, que son: que están excluidos los viejos del manejo de los negocios; que se les debilitan mucho las fuerzas; que no pueden gozar de los placeres de la vida, y que tienen cerca la muerte"

En este inteligente diálogo, Catón se esfuerza por confirmar "cada una de las causas de las miserias de la vejez, responde a ellas y prueba que ninguna es parte para hacer miserables a los viejos, sino que, al contrario, serán muy felices, si han sabido arreglar bien la mocedad, de la cual provienen todos los trabajos y fatalidades que, por lo común, se experimentan en la vejez"

Es bien sabido que quien no conoce la historia corre el riego de repetirla. La pregunta es, ¿porqué quienes la conocemos también asumimos dicho riesgo?

Si le interesa el texto completo, por favor solicítelo a: juancarlosmoralesruiz@gmail.com